Traducción, literatura y revolución

León Tolstói
Máximo Gorki

Las primeras traducciones al español de literatura rusa fueron derivadas de las versiones francesas y alemanas, o reimpresiones directas de las viejas ediciones hechas en España. En estos pasajes, elementos como la forma y el léxico se vieron distorsionados por la mediación de otras lenguas y culturas. Así, la complejidad de las obras quedó simplificada. Algunas, por ejemplo, perdieron el sentido irónico que las caracterizaba y, de esta manera, sus relatos quedaron reducidos al pesimismo y la melancolía. Las traducciones actuales logran recuperar aquel sentido del humor que otras generaciones de lectores no pudieron ver.

Fiódor Dostoyevski

Bajo la influencia de aquellas traducciones, de estética más descuidada e imágenes más crudas, se construyó un tipo singular de realismo literario. La lectura de este repertorio a la luz de la Revolución rusa fue clave para el desarrollo de una vanguardia artística en términos políticos en la década de 1920, que se atrevió a disputar los lugares canónicos de lo nacional desde el barrio de Boedo, un barrio de trabajadores e inmigrantes.

 

Clarinada: antisemitismo y conservadurismo

En mayo de 1937 aparece el primer número de Clarinada: revista mensual de propaganda argentina y contra la propaganda roja. En su manifiesto editorial, declara:

Programa de lucha sin cuartel, contra ese ejército de alimañas, integrado por fuerzas, aparentemente heterogéneas: materialismo, liberalismo, marxismo, comunismo, socialismo, anarquismo, ateísmo, masonería, etc., pero que están unidas en la misma finalidad: la destrucción de la civilización cristiana y que obedecen al mismo comando que las dirige desde las tinieblas: el judaísmo 

Caricatura publicada en Clarinada

 

Frente a los que considera “los enemigos de nuestra tradición”, Clarinada se atribuye lo genuinamente argentino. Su apuesta  -y todo lo que ella representa-, nos pone una vez más frente a la pregunta por la nación y, también, ante la tarea de reflexionar sobre las formas legítimas de luchar por sus sentidos.

 

 

Bibliotecas populares: reglamentos, catálogos y memorias

Javier Planas

Folletos de Bibliotecas Populares

En el último tercio del siglo XIX, las bibliotecas populares de la Argentina publicaron una buena cantidad de folletos relativos a su vida cotidiana: reglamentos, catálogos, memorias administrativas y, en algunos casos, ensayos pronunciados en veladas literarias.

Portada del Boletín de las Bibliotecas Populares

La literatura bibliotecológica del XIX se nutrió de los renombrados textos de Domingo Faustino SarmientoVicente Quesada y, también, de la contribución fundacional del Boletín de las Bibliotecas Populares No obstante, aquel conjunto de documentos que hicieron circular las bibliotecas populares no solo sirvió para registrar las experiencias de estas instituciones sino que, además, fue una fuente de inspiración para otras asociaciones de lectores que, por entonces, pensaban organizar una biblioteca. De este modo, los folletos constituyeron un saber práctico.

Con el transcurso de los años esos materiales perdieron su valor original pero, progresivamente, ganaron potencia evocativa. Hoy son recursos fundamentales para restituir la historia de las bibliotecas populares.

Apreciaciones marginales de Alejandra Pizarnik

Por Evelyn Galiazo, Investigadora de la BNMM

La Biblioteca Nacional abriga más de seiscientos volúmenes pertenecientes a la biblioteca personal de Alejandra Pizarnik. Entre apuntes germinales para lecturas críticas futuras, impresiones personales, crípticas señales biográficas y esbozos de versos, la poeta ensaya en esos volúmenes los distintos perfiles de su escritura. Los márgenes de todos estos libros y revistas registran la potencia y la singularidad de su lenguaje tanto como su propia obra. Laboratorio alquímico donde la palabra ajena se funde y confunde hasta construir una voz nueva, estas glosas –que constituyen un elemento fundamental para comprender la arquitectura interna de su poética– son la pieza que faltaba reponer en las obras nunca verdaderamente completas de Alejandra Pizarnik.

El pecado mortal

Sobre El pecado mortal, de Silvina Ocampo, y El gato de Cheshire, de Enrique Anderson Imbert, por ejemplo, Pizarnik publicó reseñas en la revista Sur (respectivamente “Dominios ilícitos”, Sur Nº 311, Buenos Aires, abril de 1968 y “Sabios y poetas”, Sur Nº 306, Buenos Aires, mayo-junio de 1967). Subrayados y anotados en tintas de diversos colores, ambos volúmenes dan cuenta de los distintos estratos de pensamiento que Pizarnik superponía, lectura tras lectura, para escribir un texto crítico.
La hoja de guarda de la antología de cuentos de Anderson Imbert le sirvió para trazar un mapa donde las referencias a las distintas páginas son las coordenadas que delinean un plan de acción. Por su parte, El pecado mortal revela una suerte de estructura profunda de la reseña “Dominios ilícitos”. Las convergencias, simetrías u oposiciones explicadas en la redacción final del texto publicado, en su ejemplar del libro de Ocampo están indicadas con un sistema de claves que apela a las letras del alfabeto para simbolizar tópicos.

Iluminaciones
La lenta mirada

 

En el caso de los poemarios, en cambio, tal vez no haya estrategia de lectura. En los poemas marcados emerge algo más íntimo o inmediato. Una mirada cínica que enfatiza los desacuerdos –la mirada del que corrige–, como se observa en los comentarios anotados bajo los poemas de La lenta mirada, de Emma de Cartosio, o lo contrario: una mirada adánica –la del que ve con la ingenuidad de la primera vez, asocia libremente y crea, por ejemplo, un verso tentativo– como parece ocurrirle a Pizarnik en los márgenes de las Iluminaciones de Rimbaud.

 

De “El río oscuro” al “Paraná Medio”

por Tomás Schuliaquer, Investigador de la BNMM

Fondo documental Alfredo Varela. Departamento de Archivos y Colecciones particulares de la Biblioteca Nacional.

En 1943, Alfredo Varela escribió su primera y única novela: El río oscuro. El texto describe la explotación sufrida por los trabajadores rurales de la zona de los yerbatales del Alto Paraná, reconocidos con el término guaraní mensús. La obra impulsó el reconocimiento del autor, principalmente en los países soviéticos, dentro de los cuales tenía llegada por su militancia en el Partido Comunista Argentino. Tras este éxito -palpable en las dieciséis lenguas a las que fue traducida-, Varela pensó en una segunda novela que contara la historia del Paraná Medio. La estructura de esta obra jamás escrita se encuentra entre los papeles que se guardan en el Fondo documental de Alfredo Varela, ubicado en el Departamento de Archivos y Colecciones particulares de la Biblioteca Nacional Argentina.

Anotaciones para una novela sobre el Paraná Medio. Cuaderno manuscrito perteneciente al Fondo Documental Alfredo Varela.

 

Como en el proceso de producción de El río oscuro, Varela ya tenía establecidas ciertas guías: un listado de ideas generales, entrevistas pautadas, libros a investigar y un viaje para realizar trabajo de campo en las provincias de Entre Ríos, Chaco, Corrientes, Santa Fe, Misiones y Formosa. La novela comenzaría con una escena del futuro: la gente de las Villas Miseria retorna a su lugar de origen, a las tierras de las que habían sido expulsados. El éxodo al revés -como lo llamó el autor-, propone pensar un escenario migratorio intenso, de reivindicación. Para Varela, la historia de la Argentina se podía contar con el río Paraná, para lo cual pretendía darle voz, de forma directa, como el narrador de un monólogo. En una anotación al margen, que da cuenta de este personaje, se pregunta: “¿Cómo se hace hablar al río?”.

El giro ucrónico del autor nos pone frente a la pluralidad que sugiere el archivo y, con ello, ante el reto de contar sus historias.

 

Alfredo Varela (1914-1984). Escritor, periodista y traductor, militante del Partido Comunista Argentino (PCA). Como activista por el desarme nuclear, asistió a la fundación del Consejo Mundial de la Paz en Polonia en 1948 y, por su cargo en esta organización, recorrió el mundo, visitando la Unión Soviética y otros países de la órbita comunista, donde se interiorizó de los diferentes procesos revolucionarios: estuvo en Cuba en 1960 y en Nicaragua a principios de los 80, en tiempos de la Revolución Sandinista. Por su influencia en el Consejo Mundial de la Paz, mantuvo una estrecha relación con la URSS y esto lo ubicó en un sitio particular dentro del PCA: fue uno de los principales vasos comunicantes entre los comunistas argentinos y los partidos comunistas del mundo.

Clásicos del amor: una de las primeras colecciones de la Editorial Claridad

Por Florencia Ubertalli, Investigadora de la BNMM

La década del 20 en la Argentina fue testigo de una serie de fenómenos significativos, como la masiva llegada de inmigrantes, la paulatina consolidación de un movimiento obrero organizado y la incorporación de numerosa población al mundo de la cultura letrada. De esa novedad da cuenta, entre otras cosas, la aparición de una plétora de editoriales dedicadas a la publicación de libros baratos y de amplia circulación en espacios transitados por los sectores populares, como las estaciones de trenes y los kioscos de revistas. La Cooperativa Editorial Claridad fue una de ellas. Su mentor fue Antonio Zamora, un inmigrante español y militante del Partido Socialista. Claridad se constituyó como editorial en el año 1924 y llegó a ser una de las más grandes empresas en lo que a edición de libros respecta durante la primera mitad del Siglo XX. Entre su fundación y los años setenta publicó más de un millar de títulos como parte de una estrategia de difusión de la “alta cultura universal” entre los sectores populares. Se trata de un corpus variado de libros que incluyó un crisol de géneros y temas (cuentos, novelas, poesías, textos de divulgación científica, jurídicos, de teoría política, económica, filosófica, etc.), y de autores de muy diversas partes del mundo. El conjunto se encuentra agrupado por colecciones o “bibliotecas”. Por otro lado, la consolidación de la editorial fue contemporánea a la aparición de una publicación de suma importancia en el universo de las izquierdas de ese momento: la revista Claridad, que permaneció vigente hasta la década del 40.

Dentro de sus colecciones, en 1924 apareció Clásicos del amor: una veintena de novelas cortas o antologías de autores reconocidos, en su mayoría europeos. Presumimos que esta colección fue diseñada con el objetivo casi declarado de “ganarle” público lector a la novela rosa o sentimental, muy en boga en ese momento. Asimismo, las obras de esta biblioteca solían impugnar de manera explícita el tipo de sensibilidad y “moral cristiana y burguesa” presentes en este tipo de literatura, manifestando que la disputa en el terreno ideológico que se propuso librar la editorial no se restringió exclusivamente a la lucha de clases en sentido estricto, sino también a otras formas “laterales” de sujeción como la ejercida –por ejemplo- sobre la sexualidad de las mujeres.

Desde la Dirección de Investigaciones de la Biblioteca Nacional se avanzó en la reconstrucción del catálogo exhaustivo de todos los títulos publicados por la editorial Claridad. En el marco de este proyecto, ya se identificaron y describieron más de 800 títulos editados por Claridad que, actualmente, forman parte del acervo de la institución, y se encuentran distribuidos en más de 70 colecciones.