Clarinada: antisemitismo y conservadurismo

En mayo de 1937 aparece el primer número de Clarinada: revista mensual de propaganda argentina y contra la propaganda roja. En su manifiesto editorial, declara:

Programa de lucha sin cuartel, contra ese ejército de alimañas, integrado por fuerzas, aparentemente heterogéneas: materialismo, liberalismo, marxismo, comunismo, socialismo, anarquismo, ateísmo, masonería, etc., pero que están unidas en la misma finalidad: la destrucción de la civilización cristiana y que obedecen al mismo comando que las dirige desde las tinieblas: el judaísmo 

Caricatura publicada en Clarinada

 

Frente a los que considera “los enemigos de nuestra tradición”, Clarinada se atribuye lo genuinamente argentino. Su apuesta  -y todo lo que ella representa-, nos pone una vez más frente a la pregunta por la nación y, también, ante la tarea de reflexionar sobre las formas legítimas de luchar por sus sentidos.

 

 

Bibliotecas populares: reglamentos, catálogos y memorias

Javier Planas

Folletos de Bibliotecas Populares

En el último tercio del siglo XIX, las bibliotecas populares de la Argentina publicaron una buena cantidad de folletos relativos a su vida cotidiana: reglamentos, catálogos, memorias administrativas y, en algunos casos, ensayos pronunciados en veladas literarias.

Portada del Boletín de las Bibliotecas Populares

La literatura bibliotecológica del XIX se nutrió de los renombrados textos de Domingo Faustino SarmientoVicente Quesada y, también, de la contribución fundacional del Boletín de las Bibliotecas Populares No obstante, aquel conjunto de documentos que hicieron circular las bibliotecas populares no solo sirvió para registrar las experiencias de estas instituciones sino que, además, fue una fuente de inspiración para otras asociaciones de lectores que, por entonces, pensaban organizar una biblioteca. De este modo, los folletos constituyeron un saber práctico.

Con el transcurso de los años esos materiales perdieron su valor original pero, progresivamente, ganaron potencia evocativa. Hoy son recursos fundamentales para restituir la historia de las bibliotecas populares.

Apreciaciones marginales de Alejandra Pizarnik

Por Evelyn Galiazo, Investigadora de la BNMM

La Biblioteca Nacional abriga más de seiscientos volúmenes pertenecientes a la biblioteca personal de Alejandra Pizarnik. Entre apuntes germinales para lecturas críticas futuras, impresiones personales, crípticas señales biográficas y esbozos de versos, la poeta ensaya en esos volúmenes los distintos perfiles de su escritura. Los márgenes de todos estos libros y revistas registran la potencia y la singularidad de su lenguaje tanto como su propia obra. Laboratorio alquímico donde la palabra ajena se funde y confunde hasta construir una voz nueva, estas glosas –que constituyen un elemento fundamental para comprender la arquitectura interna de su poética– son la pieza que faltaba reponer en las obras nunca verdaderamente completas de Alejandra Pizarnik.

El pecado mortal

Sobre El pecado mortal, de Silvina Ocampo, y El gato de Cheshire, de Enrique Anderson Imbert, por ejemplo, Pizarnik publicó reseñas en la revista Sur (respectivamente “Dominios ilícitos”, Sur Nº 311, Buenos Aires, abril de 1968 y “Sabios y poetas”, Sur Nº 306, Buenos Aires, mayo-junio de 1967). Subrayados y anotados en tintas de diversos colores, ambos volúmenes dan cuenta de los distintos estratos de pensamiento que Pizarnik superponía, lectura tras lectura, para escribir un texto crítico.
La hoja de guarda de la antología de cuentos de Anderson Imbert le sirvió para trazar un mapa donde las referencias a las distintas páginas son las coordenadas que delinean un plan de acción. Por su parte, El pecado mortal revela una suerte de estructura profunda de la reseña “Dominios ilícitos”. Las convergencias, simetrías u oposiciones explicadas en la redacción final del texto publicado, en su ejemplar del libro de Ocampo están indicadas con un sistema de claves que apela a las letras del alfabeto para simbolizar tópicos.

Iluminaciones
La lenta mirada

 

En el caso de los poemarios, en cambio, tal vez no haya estrategia de lectura. En los poemas marcados emerge algo más íntimo o inmediato. Una mirada cínica que enfatiza los desacuerdos –la mirada del que corrige–, como se observa en los comentarios anotados bajo los poemas de La lenta mirada, de Emma de Cartosio, o lo contrario: una mirada adánica –la del que ve con la ingenuidad de la primera vez, asocia libremente y crea, por ejemplo, un verso tentativo– como parece ocurrirle a Pizarnik en los márgenes de las Iluminaciones de Rimbaud.